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Y yo más…

28 Abr

Leyendo a una madre en Facebook me he puesto a pensar.
Y no es la primera vez que lo veo y pienso lo mismo.
La maternidad, a veces, nos retrae de nuevo a la adolescencia, un momento lleno de complejos, sinsabores y miedos, que lanzamos al mundo disfrazados de sapiencia…
Vamos que para que la madre de turno de enfrente no piense que somos unas mantas o a vaya a saber usted que, soltamos un: ” Y yo mas!” Y nos quedamos tan panchas oiga!
No. Todas no…
Venga, reconozcámoslo! Alguna vez lo hemos hecho!

A ver, ejemplos:
Yo despañalé a mi mayor con sudor y lágrimas, lo juro, llegué a esto de quitar el pañal harta de escuchar aquello de:
Cuando un niño lo pide, todo fluye y es natural, y fácil, y…
Y una mierda!
Que mi hijo lo pidió, y aun así nos costó un mundo, y parte del otro! (Sustitúyase mundo por huevo y se entiende mejor)
Pero lo se. Somos un caso extraño, porque si tu preguntas por ahí verás que el 99 por ciento de los niños se despañalaron solos en una tarde.
De verdad que he hecho encuestas:
Están las que su niño solito se quitó el pañal y fue a cagar al wáter sin mas, allá por los 13 meses, justo la semana en que aprendió a cortar el filete solito…
Está también el porcentaje de “No sabe no contesta”(Léase: paso de contarte mis miserias porque seguro que el tuyo nació cagando en orinal)
Y las sinceras, ese mísero porcentaje que terminamos siendo las que nos planteamos seriamente si tenemos un problema.
Será mi hijo normal?
Si hija, sí. El tuyo y la gran mayoría, porque quitando algún caso realmente excepcional, muchos niños se pasan una buena racha cagando donde les place, y liberales y naturistas que son ellos, se la trae al pairo si tu te “jartas” de restregar ropa interior
Hablo en serio, qué mala costumbre intentar medir nuestras maternidades con los logros de nuestros hijos coño!
Yo no conozco ningún adulto que se cague encima en la oficina, ni en el bus, ni en el restaurante, así que qué necesidad tenemos de comparar los tiempos y medidas de nuestros niños?

Me pone de muy mala leche, de verdad, sobretodo porque ves a muchas madres desquiciándose por autenticas chorradas, que no les preocuparían lo mas minimo sino fuese por las otras mamás.
Al pañal le añado el pañal nocturno, que tambien tiene lo suyo, que digo yo, quitando a las que están en el grupo de Facebook de como quitar el pañal nocturno(Sí existe, y no, no estoy dentro)
Si preguntas por ahí la mayoría de los niños no mean de noche.
Pero ni uno. Es llegar a los dos años y se les cierra el grifo con la nocturnidad.
Es un misterio por qué los supermercados tienes pañales para niños grandes.
Ya se! Los tienen para que esta madre no se traumatice…

Y no hablo sólo de pañales.
A veces escuchas conversaciones en las que solo falta el “y yo más” que os decía antes!!!
-Mi niño ya come papillas
-Si?
-Desde los 6 meses
-Qué bien! El mío no, el es mas glotón le encanta el pamboli de jamón…
Os juro que fuí testigo de esa conversación, mi hijo tenía unos dos meses, y el del pamboli tendría 8 meses…

-Mi hijo ya ha sacado su primer diente con 7 meses
-Uys! El mío ya visita al dentista. Estamos pensando en ponerle unos brackets…
Bromas a parte, de verdad es un problema, y gordo.
Porque comparamos y medimos(Que ya de por si no está bien) con absurdos, que sólo sirven para preocupar a otras madres.
Mi Princeso estrenó diente la semana de su primer aniversario, y pese a que no conozco a nadie sin dientes de nacimiento, me podía la presión…
Porque nuestro caso era único, ningún niño los había sacado tan tarde.
No, no. Debe ser algún problema de calcio, o retraso por ser prematuro…
Porque claro todos los niños de nuestro entorno, con un año ya se los limpiaban…
Solitos y haciendo el pino, no te jode fastidia…

Y verdad es, hay niños que se despañalan en una tarde; y se comen un bol de lentejas con 6 meses; o sacan los dientes con un mes, pero seamos serios, son raras avis…

Yo siempre pongo un ejemplo, mi Princeso gateó al año, y anduvo con 15 meses, Princesa con 6 meses ya gateaba…
Con un año corría.
A base de verlos, ahora me preocupa muy poco la edad a la que quiera andar Princesito.
Mis hijos son niños normales y corrientes… Lo único raro que tienen mis hijos es su madre, y eso no tiene arreglo!
Pero ciertos comentarios, ciertas comparaciones, reconozco que me afectan como persona por una razón de peso, porque esas comparaciones suelen dar como resultado la calidad y el baremo con el que nos medimos a nosotras mismas como madres.
Y eso, lo sabemos todas, es el arma universal apta para dañarnos, la que atañe a nuestra calidad maternal.

Recuerdo los primeros meses de mi hijo y una conversación con una mamá amiga.
Estaba absolutamente preocupada porque su hijo no dormía, no dormía lo que los hijos de otros claro!
Con dos meses, debía hacer noches de doce horas y siestas de 4, dos al día.
Porque los bebes “normales” duermen esas horas.
Y si pasan mas tiempo despiertos, tienen un algo, o dos!
Porque la hija de la prima de mi vecina…
Y vuelta la burra al río. Y vuelta a preguntar en el grupo “El médico de mi hijo” .
– Es normal que se despierte todos los días a las cinco?
-Si hija si, y a las cinco y cuarto.
Y a y media, y a menos cuarto, y cuando te mires en el espejo y las ojeras te lleguen al ombligo, también es normal.
Y al menos ahora podemos desfogarnos en redes y grupos varios, imagino hace veinte años la maternidad, un sin vivir de preocupaciones.
Teniendo que escuchar las mismas chorradas, pero sin tener forma de buscar información o desahogo.
Que fue antes? La gallina o el huevo? A ver si estas cosas han llegado con las redes…
Me lo apunto para la próxima encuesta.

Y por mas que se llenen libros y revistas especializadas en contar que la lactancia es a demanda, habrá quien te explique que no, que diez minutos de cada teta cada 4 horas.
Y no me imagino yo, mira: Te comes diez minutos de filete para comer con cinco minutos de naranja. Ah! y dos minutos de pan
Y para cenar una ensalada de siete minutos…
Absurdo? Pues aun más cuando se suma un:
– No es normal que este niño este todo el día a la teta…
No mira, la anormal eres tu, y el mío mama media hora cuando quiere y porque quiere.

Y si toma biberón? El suyo se tomaba 360 cada toma, y tu, con tus míseros 90, escurridillos, eh, que no se los termina…
Eso no es normal, seguro que tendrá problemas de crecimiento…
Pero qué narices es un niño normal?
Pues tengo la respuesta, un niño normal es aquel que duerme, come y caga cuando quiere, y le importa un comino el horario de sus padres, lo que opine la vecina y chismosas y familiares varias…

Y me veo pasando así los próximos años, porque los niños de alguien leerán de corrido con 3 años, y escribirán redacciones con 4, y hablarán ruso con 5, y mientras el tuyo irá en bici con ruedines, el suyo montará en moto, y…
Pues eso, que soy una experta en fabricar niños raros…
Venga, sonríe y dilo…
Y yo mas!

Lo que tiene tener una hermana de blog 😉 Maider mi amiga del Patio, escribio hace unos meses esta entrada.
Y esta mañana me he dado cuenta de que decimos lo mismo. Se ve que soy una copiota!
Os la dejo porque no tiene desperdicio!
<a
http://charlandoenelpatio.blogspot.com.es/2014/09/pues-el-mio-mas.html?m=1

La lactancia es cosa de tres…

14 Abr

Había comenzado este post con un título, La lactancia es cosa de tres, y al final me he ido por las ramas, como siempre…
Y sí, mis lactancias han sido y son cosa de tres, nuestras.
Así que pese a lo que leeréis mas abajo, dejo el título. Aunque hable de muchas mas cosas.
Permitidme el capricho…

Desde que soy madre he defendido la lactancia materna como algo exclusivo de madre e hijo, exclusivamente nosotros podemos tomar decisiones al respecto, mi bebé y yo. 
Y sin embargo después de cinco años de lactancia interrumpida sólo 5 meses, puedo decir que la lactancia es cosa de tres.

De tres, porque papá desde el primer día acompañó, no hablo de apoyar o no, porque yo nunca he necesitado apoyo para las decisiones que he tomado con nuestras lactancias.
Nunca he necesitado apoyo pero sí un hombro y una mano a la que agarrarme.
Necesitaba que me acompañara sin juzgar, ni para bien ni para mal.
Alguien que no se inmiscuyera.
Y ahí estaba el, sigue estando. Ese que se conformaba con apenas unos ratos durante la ducha de Mamá para disfrutar del bebé.
Necesitaba que supiese que sería un mero espectador durante los primeros días, apenas un ayudante durante las primeras semanas, el responsable de hacer las comidas y limpiar mientras nos eternizábamos con nuestra teta. Y allí estuvo.
El que esperó pacientemente meses para darles de comer, el que cedió su espacio en la cama y cinco años después se conforma con una esquina.
El que regaló sus abrazos y sus besos y se resigna muchas veces con ser “el otro”.
El que se olvida de esas conversaciones importantes que dejamos a medias cuando nos interrumpen contándonos transcendentales historias, o se ponen a cantar y desconectan el mundo y nos hacen sentirnos únicos.

Ese que fue capaz de hacer dos horas de coche para buscar una pieza del sacaleches, el que se despertaba con el ruido del extractor cuando me sacaba de noche (El primero que tuvimos que sonaba como una carraca) y ponía un vaso de agua a mi lado, o se sentaba en otra silla de madrugada para que no estuviera sola.

El que aguantaba las horas de monotemática charla sobre los beneficios de la lactancia, y pacientemente aguantó que le leyera en voz alta todo lo que pasaba por mis manos.

Y no es uno de esos tipos que se hace fotos sonriente cambiando pañales, porque nuestros pañales huelen muy mal, la verdad, y no apetece hacer de modelo, pero ha cambiado muchos, tantos o mas que yo.
Y los que nos quedan!!

Y no presume de lo buen padre que es y de las excursiones que hace con sus hijos, pero los lleva al parque, aunque se aburra soberanamente. Y se conoce todos los de nuestra ciudad.
Y los lleva a hacer la compra y termina pareciendo un conductor de autobús con el carro del súper.
Ese que les da patatillas o galletas de chocolate antes de comer porque se vuelve niño junto a ellos, y se sienta en el sofá a comer pipas y pela para todos.
Ese que lee cuentos y se duerme con ellos en la cama. El que ha visto por enésima vez Jacobo Lobo o Matilda.
El que se sabe todas las canciones de las series de dibujos, y se emociona escuchándoles cantarlas en el coche…

No es uno de esos padres que se llenan la boca contando como ayudan en casa, porque el no ayuda.
Nunca lo ha hecho, porque nunca ha sentido que fuese un mero ayudante y considera la casa también suya.
Aunque sea un desastre con las lavadoras, y deje las toallas blancas de colores.
El dueño de la cocina, y de la escoba, aunque reniegue muchas veces.
Es ese que tras mi último parto y haber salido de casa dejándola como recién salida de una explosión nuclear, se quitó horas de sueño para que a la vuelta con el bebé estuviese perfecta.
Ese.

Y no sabe vestir a sus niños combinando colores, y a estas alturas sigue preguntando donde guardamos los pijamas, pero todos los días salen vestidos, y peinados, y con esas manos de gigante ningún minúsculo botón se resiste.
Ese que pone las camisetas y los vestidos del revés porque se lía y no mira las etiquetas.
Pero es el único que acompaña a su hija a elegir la ropa del armario y la hace feliz.

Y no es un padre de esos que van al cole y cuenta lo bien que juega su nene al fútbol, y que conoce a todos los niños de su clase…
Pero lleva a su princeso todos los días a la escuela, aunque muchas veces llegue tarde, y siempre con la merienda hecha y el baby puesto y un beso en la puerta.
Ese del que su hijo dice que le hace mejor la merienda para el cole que yo.
Ese que se emociona cuando su princeso dice que de mayor quiere ser como el…

Y es ese que los mete en la bañera e inunda el baño y deja todas las toallas tiradas, porque les hace cosquillas cuando los seca y les pone el pijama.
Y es ese que deja toda la cama llena de polvos de talco porque les deja jugar con el bote a ponerse perdidos.
Y es ese que aguanta estoico que salten sobre su espalda, y se deja peinar valientemente por su hija.
Y es ese que siempre lleva la camisa manchada de babas de bebe, y de papilla, y de chocolate…

Y es ese que ha renunciado a su proyección profesional para perseguir el sueño de conciliar, ese que lo abandonó todo durante meses para cambiar pañales y estar en casa.
Ese que me soporta, y me abraza y me acompaña, y me quiere.
Y ese al que miro y sabe lo que estoy pensando.
Ese que no recuerda se olvida conmigo de nuestro 16 aniversario…
Y me acompaña en mis locuras y las hace posibles desde hace 20 años.

Ese, el trinomio de nuestra lactancia, y el pilar de nuestra familia y de nuestra vida.
Ese.
Simplemente un padre maravilloso.

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El postparto.

3 Ene

Hace 60 días que di a luz. Qué bonito suena así.

Hace 60 días que de mi cuerpo nació una flor. Poético.

Hace 60 días que un milagro ocurrió en mi. Religioso.

Hace 60 días que parí, que mi cuerpo se abrió y en una pelea encarnizada sacó de mi vientre a mi hijo.
Así suena mejor.
Así me siento, como una guerrera emponderada e incansable, capaz de todo. Luchadora y defensora de mis frutos.

Así y en mil ejemplos mas(Tantos como partos) puedes verte.
Y tantos partos hay como postpartos o puerperios. No hay mas que hablar con otras mujeres, y cada una te contará su historia, su sentir.
Quien inmersa en un cóctel hormonal se come el mundo, quien tras el parto oscurece y se esconde por miedo al sol.
Quien ha sido educada o ha crecido entre mujeres que creen que después de un nacimiento hay que reposar por costumbre, o quienes el agotamiento del parto les aboca a un reposo necesario…
Todos son válidos, todos posibles.

Mi puerperio (esos 40 días, más o menos, físicos en los que el cuerpo vuelve al estado anterior de la maternidad) es un viaje hormonal, productivo y lleno de luz.
Me encuentro mejor que nunca. Así han sido en todos mis partos.
Pero cuánto dura el puerperio o postparto, 40 días?
Y el puerperio o postparto psicológico? Cuántos meses, años, vidas nos dura? Y digo vidas porque jamás volveré a ser la mujer que era antes, la maternidad coloca filtros en la mirada que jamás soñaste con ver, es así.

Y hoy que me encuentro puérpera total me da por reflexionar, tal vez sea el inicio de año, para mi un apeadero en la mitad del camino, porque dentro de unas semanas me reincorporaré a la vida laboral.
Aún estoy de posparto? Mi ropa ya me cabe, soy de esas afortunadas(O no) en las que después del parto volver al peso anterior es solo un paseo, tal vez la lactancia o la actividad diaria, tal vez la herencia genética, no lo se.
Pero me miro y veo mi vientre, blandito, apenas la única señal del embarazo. Me miro y me gusto. Me gusta también mi vientre blandito, mi piel elástica capaz de ampliarse diez veces. La única estría marcada al lado de una cicatriz antigua, el mapa mágico grabado sobre mi piel.
El primer hogar de mis hijos, su primer reino.

Y me descubro de nuevo a mi misma frente al espejo.
Y me redescubro.
Y me pongo en la piel de otras. Otras que tras estos dos meses comienzan a salir sin temor a la calle, que intenta reencontrar esa fuerza que las abandonó tras el parto.
No, no es depresión postparto, es algo más sutil, esa astenia, esa falta de energía.
No, tampoco es debilidad, porque son madres, mujeres, en las que la debilidad no cabe.

Me miro en el espejo y me pongo en la piel de Natalia.
Ella también está en pleno puerperio.
Apenas dos semanas de distancia entre nuestros partos.

Y la veo bella y hermosa frente al espejo, pero ella no se ve. El postparto le ha hecho empequeñecer, esas voces que a modo de ayuda atosigan y ejemplarizan, que ofrecen consejos no pedidos, que critican las formas de ejercer tu maternidad…
Familia, amigos y entorno que creen que el puerperio dura exactamente 40 días, y que el día 41 es hora de abrir las ventanas y sacar las alfombras vitales al sol.
Mujeres que viven entre algodones la cuarentena y que de pronto ya no son aptas para ser mimadas y cuidadas.
Cuánto dura el postparto?
Esa sensación de viajar desnuda y descalza sobre el mundo?
Porque así se sienten muchas mujeres tras su maternidad, desnudas y descalzas, redescubriéndose en armonía consigo mismas, desintonizadas del mundo, en una realidad paralela, la suya, en la que precisan silencio, intimidad, interiorizar…

Para Natalia la maternidad le ha despertado su ente más tierno, frágil y delicado. Le ha hecho ser una mujer feliz dentro de una burbuja de jabón, desde la que cualquier situación crece y se convierte en una montaña de dimensiones desconocidas.
Una pompa jabonosa desde la que el sol brilla mas, pero desde la que la oscuridad es también mas oscura.

Y desde esa fragilidad ciertos comentarios, ciertas críticas queman como agravios y ofenden y duelen.
Pero duele más que solo tu leas entre líneas esas ofensas, y quienes te quieren intenten hacerte ver que no son tan graves, o tan duras las críticas. El sentirse sola, y abandonada con tu bebe en brazos.
Nadando entre lo que creemos incomprensión.

Malas jugadas de las hormonas.
Tristezas infinitas que se acompasan con alegrías increíbles.
Toboganes de sentimientos.

Y no, no ayuda vivir inmersos en la nueva era de la información, donde mediante cualquier dispositivo se encuentra una tribu o una amiga, pero cuando cae la luz y se desconecta se ve más amplia y sola la casa.
Donde cualquier grito de auxilio es acompañado por decenas de manos dispuestas a ayudar en las redes, pero que en la soledad de la tarde, con las ventanas oscuras no hay manos para secar las lágrimas, están lejos.
Una soledad en macro-compañía.

Y en esa soledad oscura y hormonada todas las noches ataca el pensamiento de la vuelta al trabajo, ese sentir doloroso y trasnochador que nos acompaña a todas, el día D, la hora H en la que deberemos dejar nuestro corazón durante unas horas.
Y no importa que existan abuelas, tías, o una buena niñera o nana a la que dejar en confianza a nuestros pequeños, el sentimiento será igual de autodestructivo. De abandono.
Esa soledad oscura, desde la que somos capaces de ver y sufrir momentos no acaecidos, donde nos afligimos de los posibles padecimientos de nuestros niños, que con la luz del día apenas duelen.

Ese puerperio, con o sin fecha de caducidad, con o sin tristeza, con o sin alegría, nos toca a todas.
Y durante meses el mundo será una montaña rusa, donde a veces estaremos arriba disfrutando y creciendo, y otras abajo haciéndonos pequeñitas.

Yo te digo: Rompe tu pompa Natalia! Durante unos meses tal vez un año o dos, te sentirás así, pero no estás sola, cambiamos, mejoramos, crecemos y aprendemos a vivir y compartir nuestras nuevas vidas, nuestros nuevos momentos.
Aprendemos a nadar entre hormonas y nos redescubrimos frente al espejo.
Tu en tu pompa, hermosa, frágil, etérea pero poderosa, amante y fiera.
Yo en mi locura feliz, pero también tenue y sutil, a veces quebradiza, a veces afligida.

Ambas reinas, creadoras, fuertes…
Ambas madres.

Busca en ti, y mira lo que yo veo.
Busco en mi, y miro lo que tu ves.

Y lloraremos con días de diferencia nuestra despedida del remanso maternal, y volveremos entre lágrimas al trabajo, y volveremos, y volveremos y volveremos…
Con sonrisas y alegrías a reencontrarnos con el otro yo, el yo mujer y lo compaginaremos y nos reiremos en los ratos de asueto de aquellos días hormonados y tristes.
Y aprenderemos y creceremos, y simplemente seguiremos andando por el camino…


Esencia de madre, una magnifica obra de Andrea Arco Blanco

Madres, esa profesión de riesgo…

10 Dic

Ser madre es una profesión de riesgo, de alto riesgo porque hagas lo que hagas recibiras ataques desde todos los frentes, en ninguna otra faceta de tu vida te sentirás tan milimetrada, observada y juzgada.

A diario leemos historias corrientes de mujeres extraordinarias que con gracejo y buen humor se catalogan de malas madres. Acompañando de risas los malos días.
Y ríes , pero también ahondas y una vez mas te das cuenta de la presión a la que se somete a las mujeres, ya no madres, mujeres. Porque no podemos permitirnos errores, cansancio ni agobio.
La imagen peliculera de mujer sonriente con delantal rodeada de niños y bizcochos aunque obsoleta aún está en la memoria colectiva.
A ver si nos entra en la cabeza que esa imagen no es real, que ni en la profunda América de la posguerra era real esa imagen, fruto de películas y series televisivas.
Y no es solo que sea la imagen que se exige desde ciertos círculos sociales, estas nuevas malas madres, son el grito, un recurso de lucha social silenciosa, es además un recurso de lucha contra otras mujeres, las mejores aliadas del patriarcado. Que escondidas tras los muros de sus maternidades dan como válidas las consignas misóginas y machistas existentes.
Hemos de ser conscientes de que la maternidad es un ensayo acierto-error personal e intransferible.
Rendirnos ante esa imagen que pretenden darnos como valida de súper mujeres no es opción, porque significa que cuando no llegamos a esa meta, nos hundimos en la creencia de hacerlo mal.
Penalizamos la maternidad, porque exigimos a las mujeres que además de ser profesionales mas responsables y con menos sueldo que sus compañeros, añadimos al finalizar la jornada que tengamos hijos educados, bien peinados y planchados, actores de películas de sonrisa perenne.
Nos presionan algunas mujeres de generaciones anteriores que no sufrieron esa presión de trabajar dentro y fuera de casa y que no conciben una realidad en la que mujeres y madres no sean sacrificadas por y para el bien familiar.
Se añade a este patriarcado intempestivo las corrientes que además ponen todo el peso en nosotras de la felicidad infantil.
Hemos pasado de creer(con razón) que los niños deben tener menos tele y mas atención, a creer que los niños han de crecer en hogares Disney, donde cinco minutos de aburrimiento no es opción, donde ha de pasarse de una actividad a otra con premura, donde siempre ha de haber un plan, un juego(a ser posible educativo). Maravillosos y apetecible… Pero real?

Y nos ponemos a intentarlo y vamos a velocidad de cohete del trabajo a la compra(Robando minutos a nuestra comida), de la compra al cole, del cole al parque, del parque a casa, y montamos legos y dibujamos mientras pasamos la escoba y vigilamos la cena.
Y preparamos baños y pijamas mientras cantamos por el pasillo y con una mano disimulada abrillantamos grifos mientras enjabonamos niños.
Y planificamos lavadoras mientras contamos cuentos y besamos sin besos, porque mientras lo hacemos vivimos pensando en las tareas y obligaciones que vamos dejando para el próximo día libre…
Y terminamos el día agotadas y cayendo como marmotas…

Lo vemos a diario, el peso que se pone sobre nuestros hombros.
Sale un experto en televisión sobre las alergias tras el desgraciado incidente de un niño fallecido por shock anafiláctico, y claro, que explicación da al auge alérgico de los últimos años?
Que las madres alimentamos a los niños con protocolos y retardamos mucho el inicio de ciertos tipos de alimentos, perdón? Nosotras?
Nooooo, nosotras somos meras mandadas por los expertos. Pero claro, la culpa para las madres!! me entristezco al leer por redes sociales varios comentarios en la noticia culpando a los progenitores de no informar correctamente, de no educar en la responsabilidad a su hijo…
No quiero ponerme en el lugar de esa madre, teniendo que leer esas lindezas.

Sale en las noticias una condena a un hospital, le dan la razón a una madre tras perder a su bebé, fue por una mala praxis, no omiten que durante diez años esa madre vivió con los comentarios del hospital, que le dijeron textualmente que su hijo murió por ser prematuro porque ella no supo hacer reposo. Impresionante. Ya no hablamos de maternidad, hablamos de humanidad, aun sospechando que fuese cierto, tendríais la mala fe de decirle algo así a alguien?
Aquí podéis encontrar la noticia completa.

Si no das el pecho eres una egoísta insensible, que le estas robando derechos naturales a tu hijo y quitándole defensas…
Pero si lo das y tienes grietas o bajo peso del bebe o dolor, también eres una egoísta insensible o peor, te empeñas en dañar a tu hijo por caprichos tontos como dar de mamar… Por seguir modas tontas y hippies.
Decidas lo que decidas, lo harás mal.

Si educas de una forma o de cualquier otra siempre vas a tener críticas, comentarios y juicios por doquier.

Si fuésemos tan absolutamente críticos con nuestros políticos como lo somos con las madres y mujeres en general nuestro país iría muchísimo mejor, seguro!

Si eres madre esta condenada con tu primer hijo a pasar por tonta, a aguantar que te ninguneen ciertos médicos, enfermeras, tu madre, tu vecina, la cajera del súper…
Y con el segundo…
Y con el tercero…
Porque todo el mundo tendrá algo que decirte.
Y si tu hijo hace algo realmente espectacular? Claro! Te darán las gracias!
Por haberle parido con dos huevos!
Si señor!!
Que el mérito es de que tienen cojones no madre!!
(aquí podréis ver el video), pero si la pifia, la culpa es tuya!

Hagas lo que hagas en tu maternidad, para alguien en concreto, no estará bien hecho.
Y si, ya se que la opinión de los demás no debiera importarnos, pero a qué importa?
Y más cuando la mayoría de las veces estas opiniones vienen de la mano de otras madres y de profesionales.
Y duelen, y marcan y molestan.
Entre otras cosas porque para cualquier otra actitud o decisión que tomes en la vida no tendrás tantos ojos mirándote…

Desde el momento en el que comienzas tu embarazo te das cuenta de la situación en la que te metes, os pongo un ejemplo que ya he puesto otras veces:
Te rompes un pie, y vas tranquilamente a un hospital porque sabes que un profesional cualificado y que dará lo mejor de si mismo va a cuidar de tu pie.
No te tomas la molestia en hacerte un master sobre traumatología, de consultar el equipo de este hospital, si es respetuoso, o tiene protocolos antiguos… Porque vas absolutamente convencido del buen hacer del médico y del equipo. No necesitas ir de sabiondo exigiendo respeto, sabes que lo tendrás.
Si estas embarazada hoy por hoy lo mejor es que te informes, que planifiques un plan de parto, que busques un profesional empático, respetuoso que comprenda que un parto es un acto natural fisiológico, y que el sólo deberá estar para ayudar a llevarlo a cabo y actuar tomando medidas mayores al acompañamiento en caso de necesidad real, si por el contrario has decidido por ejemplo una cesárea programada por los motivos que sean, cuidado!! de nuevo tendrás que buscar un profesional empático y respetuoso que no te juzgue ni te minusvalore.

Y ahora me diréis que las mujeres somos unas exageradas, pues no digo que no, pero a que no existe una asociación de “el hueso es nuestro”?
A que la Organización Mundial de la Salud no necesita hacer un decálogo para las buenas praxis en traumatología?

Pues por algo será oiga!

Y tu hijo nace… Y si lo has tenido con plan de parto, exigiendo intimidad, o no querías epidural, o insististe en buscar un profesional no dado a las episotomias… Te van a crucificar por rara!
Ah! Tu no? Tu te pusiste la epidural? Pues aún peor! Eres tonta? Te gusta sufrir?
Y si tuviste que someterte a una cesárea, ufff prepárate! Porque la culpa de todo será tuya! Mira que dejarte engañar!
Asi que ojo a quien te arrimas, pregunta primero sus preferencias… porque corres el riesgo de ser atacada y tratada como criminal.
A veces dan ganas de explicar que has tenido a tus hijos por generación espontánea, o mejor aun que te toco por cliente cien mil en el súper.

Si has superado el nacimiento de tu hijo medianamente bien te toparás de bruces con pediatras y profesionales en general de la salud infantil, que desde el primer día te dejarán claro que no sabes educar al niño en el sueño. Como si para dormir se precisaran clases. Pues eso creías hasta que pasas tu primera noche en casa de la suegra…
Hasta tendréis que aprender a cocinar de nuevo si sabíais, y si no sabíais, aprenderéis a hacer exquisitas comidas sin sal, sabor ni textura alguna. Y lo mejor que intentarán que olvides tus conocimientos en dietética y nutrición, porque donde va a parar el gran contenido calórico que tiene un puré de verduras con una cucharada de café de aceite de oliva!
Es probable que os aleccionen en la higiene de vuestro bebé, como si cada uno de nosotros no fuésemos expertos en higiene personal. (Si he dicho la mayoría, lo sé, hay excepciones que huelen francamente mal ).

Ya ni os cuento la etapa escolar, si se porta mal es cosa tuya; si no atiende también; si es demasiado tranquilo es que estará enmadrado; si llora, culpa tuya; si pega…
Eso si, si el niño es inteligente, empático, educado… Es gracias al sistema educativo, a que ha salido bueno(Que suerte tienes!, los genes paternos suelen tener mucho que ver, porque tu primo menganito era así de bueno…

Conocéis muchas profesiones donde cada paso o acción suponga un riesgo?
Pues eso es la maternidad, una carrera, donde según el saber general los obstáculos te los pones tu.

Y si pretendéis trabajar fuera de casa ni os cuento, porque hacemos encaje de bolillos para conciliar, para tener horarios decentes, para llegar a todo, además de vivir en una carrera perpetua, en la que a menudo echarás en falta tiempo para ti, tendrás que lidiar con comentarios malintencionados, y cualquier falta o cualquier favor que pidas estará muy mal visto, porque es muy poco comprensible que pidas un día para llevar a tu hijo al medico
Ah!! pero si ese día lo pide un tío para ver la final de su equipo favorito en otra ciudad es un machote!!!
No hablamos ya de pedir un cambio de turno a un compañero sin hijos para no perderte la cabalgata de reyes, porque serás una insensible y egoísta mujer que pretende abusar por tener hijos.
Claro, claro, pro si ese mismo compañero te pide un cambio para no venir de mañana porque se va de juerga será jaleado y palmeado por todos.

Para bien o para mal el peso mayor de la casa y de la educación la llevamos las madres, y ojo! Que esta cambiando el panorama afortunadamente pero aún nos queda mucho por hacer, os queda a vosotros papis!!
Porque un montón de padres que conozco se llenan la boca de lo buenos padres, colaboradores y maridos que son.
Ejem, ejem, es que yo no quiero que colaboren conmigo, quiero que esté, que intervenga, que tome decisiones, y que sea una pieza fundamental junto a mi. Que abandone su carrera profesional para que podamos conciliar, que haga malabares para llevarlo todo, que cambie pañales y llene bañeras, y no sea un bufón para sus hijos, sino un pilar sobre el que crecer.
Para salir de paseo los domingos había adoptado un can.
Y es que estoy harta de padres perfectos que acusan de calzonazos a aquellos que crían a diario(no solo en fin de semana) que pese a los desencuentros con sus parejas en temas de crianza, que siempre los hay, crían cual madres.

Y pese a todo, pese a las dificultades, al entorno, al patriarcado, al machismo, al cansancio… sabéis qué?
No conozco a ninguna mujer, absolutamente ninguna, que no se emocione y diga:

Mis hijos, son lo mejor que me ha ocurrido en la vida.

Vacío…

26 Oct

Ya hace casi un mes.

Hoy voy a contar la historia de Sofía.
Y es durísima y tristísima.
No es una historia para que acompañe, ni para que aprendamos nada, o tal vez si, tal vez es una historia para que aprendamos a llorar a voz alta. Para que ninguna mujer sienta jamás que su pérdida es pequeña, o que deba esconderla a ojos del mundo.
El duelo es complicado, yo no soy una experta, y apenas puedo vislumbrar cierto dolor a través del mío.
Empatizar o ponerse en la piel de otro es difícil y tremendamente duro a veces.
Escucho a mujeres que tras perdidas, de 12, 15, 20 semanas se incorporan al día siguiente al trabajo y han de aguantar con estoicidad y cabeza alta las tonterías del mundo.
Un mundo a veces irónico y estúpido que no comprende.
Que no acompaña.
No entiendo de psicología, apenas de duelos mas que por los vividos, pero si entiendo que en nuestra cultura el luto se viste por fuera pero se llora por dentro.

El luto por la perdida de un hijo no nacido se esconde como si las lágrimas fuesen obscenas.
Obscenidad es esconder nuestros sentimientos.
Desdibujarlos para que el mundo nos vea fuertes sin serlo.
Duras mientras nos deshacemos.
Con alas mientras caemos al vacío.
Con pies mientras nos arrastramos.
Con alma mientras la enterramos muerta.

Conocí a Sofía por casualidad, llego a mi a través del blog, y llego por un mail, acompañando, ofreciendo su generosa mano para ayudarme a andar, su hombro por si quería llorar, su experiencia, por si necesitaba compartir.
Me abrió su corazón y me enseñó que no estaba sola ni incomprendida.
Alguien que sin conocerme de nada desnudo su alma y se sentó a mi lado.
Así era Sofía. Una mujer fuerte, valiente, entera, generosa… Había sufrido dos pérdidas, una con 20 semanas, otra de 36.
A veces el destino es cruel y salvaje.
Sofía era sabia, y hablaba de su dolor con entereza. Sus lucecitas le acompañaban siempre, protestaba de la incomprensión del mundo, de sus huecos en el libro de familia, en los álbumes de fotos.
Del silencio de sus nombres en las reuniones familiares, la invisibilidad de sus hijos no nacidos. Su necesidad anímica de sentirlos parte de su entorno.

Sofía tuvo un tercer embarazo y con el descubrió un lado aún más oscuro que el dolor de la pérdida, la maternidad y el dolor que a veces conlleva, silencioso.
Escondido.
El dolor de una nueva vida.
Que no alegra.
Que no da felicidad.
Que solo llena de temor y dudas, de tristeza y un sentimiento de infidelidad hacia los hijos perdidos, y ese dolor, ese miedo tiene que mantenerse en la oscuridad porque nadie lo comprende, porque se supone que hemos de superarlo con una sonrisa por el nuevo embarazo, borrón y cuenta nueva.
Pude devolver tanto calor y acompañarla por un camino que había recorrido apenas un par de meses antes.

Sofía sufría, y su familia y las personas que la queríamos, porque se hacía querer, porque costaba entender como alguien tan generoso, tan noble podía haber sufrido tanto, que clase de mísero provenir le había tocado. Aunque a veces me pregunto si toda esa bondad es fruto de su vivencia, si, sin esa senda vital, hubiese sido la misma enriquecedora persona.
Agonizaba su felicidad mientras no entendía como se percibía tan triste con la noticia que llevaba esperando toda su vida.
Pidió ayuda, y estaba asistida por profesionales, que le ayudaban a gestionar sus pesares.

Una mañana me llegó la noticia, estaba de 17 semanas, tristes o alegres según el día, caóticas y anárquicas, a días ordenados y claros, otros llenos de locura y negros, sentimentales siempre…
No contestó al teléfono y su marido sintió un pálpito, volvió del trabajo intempestivamente y la encontró en la cama, inconsciente, tras ingerir todos los medicamentos que había ido acumulando a través de su angustia y desconsuelo entre embarazos.
Terminó los blíster empezados de pastillas para combatir el insomnio (Pastillas para el miedo a soñar), ansiolíticos(Pastillas para esconder la congoja y la desconfianza a la vida), antidepresivos (Pastillas para secar las lagrimas)…
Nade sospechó nunca que ese botiquín, memoria de años, tuviese ese final.

Una ambulancia apresurada, desconcierto, suicidio de una gestante?
El hospital se volcó, la familia, los amigos…
Nadie podía dar crédito.
Durante horas todos se preguntaron como era posible, ella sería incapaz de dañar a su pequeño aunque incomprendido tesoro…

Sofía murió a las pocas horas, su corazón no pudo superar la sobredosis.
NO. No es cierto! Su corazón se paró, pero no fue por la sobredosis, una ecografía a su vientre inerte descubrió que su bebé llevaba más de una semana sin vida.
Su médico cree que ella lo sintió y no pudo más.
Se hundió y en silencio decidió marcharse con el.
No pudo pensar en volver a reconstruir sus trozos.
No pudo imaginar volver a mirar a la cara de quien la amaba, y a quien mas de una vez le pidió perdón por no ser capaz de gestar el fruto de ambos. Su corazón se paró porque en lo más profundo de su ser, ella agnóstica convencida, quería creer que sus lucecitas la esperarían siempre.
Su corazón se paró porque decidió acompañarlos.

No habrá más pérdidas en tu vientre, no recogerás nunca más los trozos rotos de tu alma.
No sufrirás nunca más en silencio la incomprensión del mundo.
Nunca mas compartirás tu experiencia para ayudar a otras.
Nunca más dibujaras caritas con sonrisas y lágrimas en tu firma digital.
Nunca más.
Nunca más.
Nunca más estarás a nuestro lado.
Nunca nadie podrá volver a escucharte, mientras gritas, lloras, sufres, sin avergonzarte de no disfrutar esos momentos, porque cada duelo tiene su espacio, y sus lágrimas y nadie puede, ni debe negártela.
Mi sabia Sofía.
Respeto tu decisión, tu decisión de marcharte, pero imposible no sentir el mundo más solo, más triste, más necio.
Hace ya casi un mes.
Y hoy he podido sentarme a contar tu historia.

Algo me reconfortó y mucho, no sé de tu grupo, se que lo tenias, de apoyo al duelo, pero se de un montón de mujeres, de distintos países que esa noche miraron a la luna llena que acompañó a tu adiós pensando en ti y acompañándote en el camino a tu estrella. Un grupo de mujeres sabias asiéndose de la mano virtualmente para volver a caminar.
Y es que como tú ya sabías, no estabas sola, no lo estarás nunca.
Porque aunque el camino sea duro, e incomprendido son muchas quienes lo recorren y quienes acompañan y ceden su vida, su esfuerzo y su profesión a visibilizar y a servir de cobijo en la peor de las tormentas.

Si estas pasando, o has pasado por una pérdida gestacional no estas sola. En España tenemos la suerte de contar con Mónica Álvarez, creadora y directora de http://duelogestacionalyperinatal.com/
Mónica Álvarez, psicóloga, terapeuta de pareja y familia, especialista en duelo perinatal y acompañamiento emocional y terapéutico.
es autora de los libros “La cuna vacía, el doloroso proceso de perder un embarazo“ (La esfera de los libros 2009), “Las voces olvidadas. Las pérdidas gestacionales tempranas“ (Ob Stare 2012) y “El ombligo de Atenea. Arquetipos, roles sexuales y mujeres del siglo XXI” (Amazon 2013)

Adiós Sofía. Hasta siempre. Que tus tres lucecitas te den luz y calor eternamente.
Vacío. Simplemente no queda nada.

Mujer, teta y agitación…

10 Oct

La agitación del amamantamiento. Hoy traigo un post especial, con la ayuda de una maravillosa escritora, Nu Brull, que me ha dado el título y una colaboración preciosa con la historia de su agitación, también cuento con las palabras de Magda, una doula maravillosa y mejor mujer y amiga, y con la inestimable ayuda de Alba Padró, una de las mayores expertas en lactancia de nuestro país. Simplemente un lujo para mi.   Agitación

Estoy embarazada, ¡y tú todavía eres un bebé! No lo esperaba. Y esperaba menos todavía esto: Agitación, lo llaman. Tú y yo no teníamos prisa, ni agobio, ni reloj. Tú y yo éramos una. ¡Pero yo ahora soy dos! Y a pesar de la alegría, me siento cansada y triste. Y quiero integrarte sólo a la parte buena. A la vida, que ya viene. A mi vida, que eres tú. Y esa vida emanaba feliz de mis pechos. Noche y día disponible, caliente, humana. .Y yo no quiero acabar con esto. Yo no quiero, yo no quiero, yo no quiero. ¿Pero qué le pasa a mi cuerpo? Ahora cuando tu boca se acerca, mi cuerpo dice basta. Mi cabeza repite ‘¿pero qué me pasa? Eres mi niña, te quiero, te quiero, no puedo negártelo ¡no puedo!’ A mi cuerpo le da igual, ¡grita NO! Por cada poro, siento que me lleno de pinchos, me doy miedo por momentos, no lo soporto. ¿Contamos hasta diez? ¿Te vas con papá? ¿Me sueltas YA, por favor? Excusas para esquivarte. No quiero esconderme más, mi amor. Yo quería amamantarte hasta el final, y poner ese final en tus manos, lactaros juntas, crear un vínculo entre vosotras a través de mi piel. Jamás pensé que sería tan difícil, tan abismal el rechazo de mi cuerpo a lo que quiere mi corazón. Dicen que al parir se pasa. Dicen que a veces no. Yo no sé hasta dónde llegaré, mi vida. Cuando no mamas no hay nada más bonito. Cuando mamas, no hay nadie peor que yo. Me siento sola en un laberinto del que nunca nadie antes ha encontrado la salida. Agitación: qué jodida es la agitación. Nu. http://elblogdesnudo.wordpress.com/

Mi experiencia y madurez con respecto a la lactancia me ha hecho cambiar mucho de opinión con respecto a este tema. Supongo que yo también he visitado el lado oscuro y sido un poco extremista con la lactancia. Escribí mi primer post sobre agitación hace año y medio. https://princesasyprincesos.wordpress.com/2013/05/10/agitacion-del-amamantamiento/ Hacia un año que había descubierto lo que era en mi propia piel, pero no fue hasta tiempo después que descubrí que otras mujeres habían pasado por lo mismo, que supe como se llamaba. Hasta entonces había sido un sentimiento a esconder, que me hacia sentir la peor madre del mundo, aquella que a ratos odiaba alimentar a su hijo, aquella que sucumbía a meros pensamientos de malestar cuando se acercaba a mamar. Me sobrevino en plena embarazo de mi segundo hijo, cuando mi Princeso tenía entonces alrededor de 18 meses. Y fue ese desconocimiento el que me llevo a silenciar lo que sentía, el dolor, la impotencia, el horror del rechazo a lo que más quieres. Me convertí en una sombra de mi misma, incapaz de escucharse, de escuchar mi cuerpo, mi ser, que a gritos me pedía un destete o un aplazamiento al menos de las tetadas. Ni siquiera fui capaz de compartir con mi pareja como me sentía, era tan triste, tan desnaturalizado el rechazo que a veces me atacaba al acercarse mi pequeño, que simplemente lo escondí, lo hice invisible, sacrifique mi yo, mi cuerpo, mi alma enmudecida. Con mi tercer embarazo fue distinto, un durísimo comienzo de embarazo, con vómitos, molestias, y agitación, llegó, como la vez anterior, como una bomba que explota y destroza, llegó y me volví a sentir inhumana, despreciable, huía de mi pequeña, la esquivaba, me hacía la dormida, entonces sucedió, un destete rápido, apenas en un par de meses… He sido peor madre con Princesa que con Princeso? Por sacrificarme con uno o tomar una decisión emponderada con otra? Porque fue así, tomé la decisión, la que nos hacía felices a ambas, pues no creo que mis hijos fuesen más felices siendo amamantados por un madre que no sentía todo ese amor al abrazarlos. Creo honestamente que tome la mejor decisión con Princesa, que nuestro vínculo no se ha perdido, ha cambiado, ha mejorado, la falta de teta nos ha llenado de besos y abrazos, no se ha acabado el mundo, ha mejorado. Sencillamente.

Dejemos de posponernos como mujeres, escuchemos a nuestro cuerpo, a nuestra mente, hemos pasado de una cultura de biberón por orden facultativa a la cultura de la teta por orden divina, porque si no das teta no eres buena madre, porque si destetas no respetas su ritmo, abramos los ojos!! La lactancia ha de ser un placer, una decisión emponderada personal, una forma de entender nuestra maternidad sin despreciar las demás formas de criar y alimentar. La maternidad no es un concurso de quien dará mas tiempo de mamar, la lactancia ha de ser natural y disfrutada por ambas partes, no tendremos hijos más felices con madres sufridoras y sacrificadas, ni la lactancia ni la maternidad debieran suponer sacrificio alguno. Porque si existe sacrificio existen mujeres abnegadas, y esto no es compatible con la felicidad. Queremos mujeres y madres felices. Con lactancia materna o con biberón, pero felices. Porque una madre feliz supone un hijo feliz. Y cualquiera, asesora, medico, doula o profesional que te indique que no escuches a tu cuerpo, que no escuches tu voz interior y tu naturaleza no merece que le escuches.

La lactancia cuando es placentera y funciona es maravillosa, pero también tiene oscuridades, aunque últimamente me he cansado de ver como todo el mundo las encubre, los inicios en la lactancia a veces son difíciles, muchas se pierden entre grietas, posturas y dolor. No voy a hacer un post hablando de los beneficios de la lactancia, porque estoy cansada de leerlos, de hecho diría que me los meten por los ojos cada dia cientos de veces, soy una lactivista convencida, pero llega un punto en que me canso de extrema posición que parece tomar todo el mundo, eso incluye hablar de países donde la lactancia artificial crea obesidad en la población…(Supongo que comparándola con países donde la dieta no es que dé precisamente para obesidades), que las madres que deciden no dar el pecho roban y perjudican la salud de sus hijos… No niego afirmaciones muchas veces respaldadas por estudios, pero no somos demasiado duros o extremos? Hay mas estudios que hablan de que el tabaco mata y no veo el mismo ímpetu para convencer a la población de que no fumen. Cuando yo tuve mi primer hijo, la lactancia no estaba tan instaurada, o tal vez yo no me movía en los mismos círculos, pero empieza a parecerme una medida francamente desproporcionada imponer prácticamente la lactancia. Y si, es lo mas natural, es maravillosa cuando funciona, debiera funcionar en el 99% de los casos, es sanísimo… Pero de verdad hay que imponerla? Desde comentarios del estilo de que habría que recetar la leche artificial para que no estuviese al alcance de nadie hasta barbaridades varias. Conozco mujeres que esconden y mienten sobre sus finales de lactancia, debido a la presión a la que se ven sometidas. En un momento en el que además cualquiera es asesor de lactancia, pese a no tener experiencia, varias empresas dan títulos sin necesidad de un mínimo de experiencia o de asesorías con tutores, y me sorprende, porque en asociaciones totalmente instauradas como la asociación Alba se piden unos requisitos francamente exigentes, lo cual me parece fantástico, pues hablamos al fin y al cabo de profesionales, personas a las que vamos a confiar nuestra salud y la de nuestros bebes lactantes. Imprescindible pues esa formación, experiencia y práctica http://albalactanciamaterna.org/la-asociacion/quieres-ser-asesora-de-lactancia/ Conozco a las que son las mejores asesoras de lactancia de mi isla, mujeres con años de experiencia, no solo lactando sino tratando a otras mujeres, ayudando, esforzándose, las asesoras de Abam, y de entre ellas una a la que admiro especialmente Magda Rodríguez, asesora además de doula y mujer emprendedora al cargo de la empresa DoulasMam, además de servicios de acompañamiento son las promotoras de una maravillosa docencia, Formando Doulas

Magda:- Pienso que en este tema hay que mirar mas a fondo, leer entre líneas lo que dice la madre y lo que creo que siente(que no siempre coincide)(…) Es muy complicado pues aunque me gustaría que supiese las ventajas que la lactancia tiene a la larga no estoy en su pellejo, ni siento lo que ella siente(aunque a veces me lo parezca), ni vivo su situación… Casi cada mes ayudo a una madre a destetar cuando toma su decisión emponderada , y la sociedad y su entorno, con las informaciones técnicas, quieren(sin querer) convencerla de lo buena que es la lactancia, y lo que ocurre es que esa madre emponderada empieza a dudar y a sentirse culpable, lo cual hace el proceso poco natural, se vive con temor al que dirán, con angustia, con dolor…

No voy a entrar en si las asesoras cobran o no, como todo es un trabajo(vocacional, si) pero trabajo y me parece imprescindible que quien me trate pueda vivir, ser feliz y salir adelante honrada y holgadamente haciendo además lo que le gusta, igual que espero que el médico en cuyas manos me pondré para parir este bien pagado y haga su trabajo con gusto, espero lo mismo de mi asesora de lactancia. Igualmente espero que ese medico tenga una base solida, haya terminado sus estudios y haya terminado su formación tutorizado por un profesional. Es de esperar pues lo mismo de quienes cuidan nuestras lactancias? Es solo una moda? Una forma rápida y fácil de quienes creen que con poco esfuerzo se ganarán la vida? Comencé este post escandalizada con la corriente extremista que rodea la lactancia algunas veces, donde todo el mundo es experto. Mi indignación ha ido creciendo al buscar información, pero al terminar este post solo puedo decir: Gracias, Gracias a las mujeres expertas, informadas y maravillosas, con experiencia y recursos que nos ayudan y están al pie del cañón. Hoy Gracias a Magda, a Alba y a otras vuelvo a creer en la lactancia, pero eso si, creo fervientemente, que hay que cambiar el horizonte, no permitamos que algo natural y maravilloso se convierta en la pesadilla de ninguna mujer. La lactancia es algo a lo que optar desde la libertad, el empoderamiento y la felicidad. princesas y princesos

Temía…

7 Oct

Te quería tanto, y temía tanto perderte,

Que quise no quererte, para no dolerme.

Pero no pude.

 

Llegar a un nuevo embarazo tras un aborto por temprana que haya sido la pérdida es toda una alegría.

La búsqueda, te llena de nuevo de ilusión, emoción, alegría.

Esperaras el día D con ansías, no hay rastro de tu regla. Será? Temblando, nerviosa empiezas a plantearte si ya ha llegado. Todo son síntomas… El positivo!!

El mundo es un lugar maravilloso de nuevo. Nada rellenará ese pequeño hueco perdido, pero la alegría ayuda a superarlo.

 

Pero no siempre es así.

Llegué a un nuevo embarazo buscado y deseado apenas tres meses después de mi pérdida.

El positivo en el test trajo un millón de sentimientos inesperados. La mayoría no aptos para compartir con el mundo.

Trajo miedo, dolor, angustia. Me descubrí de pronto en la cuerda floja de la maternidad. Sin saber cómo asumir, sin saber controlar ni gestionar esa avalancha de sensaciones mezcladas. Me superó el no sentir la alegría esperada.

El miedo me atenazó por completo. Visceral, oscuro, enfermo… Se sumó a la apatía, el cansancio y el malestar.

Fueron meses duros empeorados con la sensación de abandono hacia mis hijos nacidos.

Un nuevo embarazo, deseado y soñado que se convierte de pronto en duda, en incertidumbre. En plantear si es ahora el momento? Me habré equivocado?

Vivir en una montaña rusa permanente, entre subidas ilusionadas y bajadas desesperadas. Del deseo al no deseo.

Del amor profundo a la profunda indiferencia.

Del amarte al temer perderte.

No quería quererte.

No quería volver a sufrir. Mi pequeño ángel merecedor de toda la dicha y de todas las risas como bienvenida. Tu inicio sólo tuvo silencio, miedo.

Antes de disfrutarte me preparé mentalmente para decirte adiós, como un púgil se prepara para el combate. Mental y físicamente, sabiendo que no saldría incólume de el.

 

Las primeras ecografías, que certifican tu vida, tu fuerza, lágrimas viéndote, y aun así sabiéndote perdido.

Pero no te perdiste. Te aferraste y te aferras a mi útero y hoy, 34 semanas después me recuerdas a patadas que sigues en mí.

Me llenas de esperanza mientras danzas en mi vientre. Me das oxígeno cuando te siento y me recuerdas que la naturaleza es sabia y única y que tú eres el milagro que día a día me hace grande.

Gracias a ti vuelvo a creer. Vuelvo a tener fe en mí, en mi cuerpo, en mi vientre.

Vuelvo  a sentir esa maternidad floreciente, esa alegría, ese sentir.

Tú me has enseñado que después de cada guerra queda sitio para la paz. Incluso después de la peor de las guerras, la que se lidia contra uno mismo, me has enseñado que al terminar cualquier batalla nace siempre un nuevo día lleno de luz.

Hoy me aferro a ti. A tu energía, a tus ganas de vivir, de crecer en mi y conmigo.

 

Nunca más te daré por perdido. Porque aunque no encontrases el camino de llegada me has enseñado a caminar de nuevo.

Hoy te quiero todo lo que no quería quererte.

 

Hoy sueño que agarrados de la mano en un futuro nos reímos juntos de nuestro comienzo.

 

 

 

Hoy más que nunca necesitaba compartir estos sentimientos, desnudar la realidad de muchas mujeres que sufren con el mismo dolor la perdida que el reencuentro con su maternidad, hoy es un día duro, en el que despido a alguien que me acompañó en el duelo.
Alguien que sabía por propia experiencia lo que ocurría.
La maternidad trae consigo momentos hermosos, y trágicos, compartirlos los hace llevaderos, y también nos adhiere de nuevos dolores, de nuevas pérdidas.

Muchas mujeres sabrán de que hablo, porque lo han compartido conmigo, a otras simplemente les parecerán irreconocibles esos sentimientos, otras se sorprenderán de no ser las únicas en haberse dibujado así.

Comenzar por reconocer el dolor, por no esconderlo, por poder hablar y exponer sin miedo a ser juzgado.

Hoy también es para ti esta entrada mi preciosa G, sentir que todo te supera es parte del duelo, pensar en rendirse, no disfrutar de los regalos que te trae el destino…
Simplemente llorar lo perdido no te hace más exigente, ni peor, te hace humana, y me gusta tu humanidad, no la pierdas, llora, grita, comprométete con vivir, simplemente, con todo lo que ello conlleva, con dolor y pena, con alegría y entusiasmo.
De la mano de quienes te queremos y queremos acompañarte y compartir, de quienes respetamos tu tristeza.
Porque nunca tu estrella se apagará.
Porque decirle el adiós definitivo no significa olvidarla ni perderla.
Porque siempre formara parte de tu historia, y de la historia de todos los que estamos a tu lado…

 

 

Esperanza...

La no maternidad.

26 Sep

Para A. No permitas nunca que nadie niegue tu maternidad.

Eres madre, serás madre durante el resto de tu vida, igual que serás hija durante toda tu vida. Las no maternidades, las de mujeres que lo sienten, que lo son, y que en silencio tropiezan con la incomprensión del mundo…

Porque siempre serás madre, digan lo que digan, lo único que cuenta es que lo soñaste, lo sentiste y se marchó, pero estuvo. Tú lo sabes, yo lo sé.

 

No es madre, propiamente dicho, no tiene hijos, pero si es madre, desde el momento en que los deseó, desde el primer minuto en el que decidió que formaría su propia familia, la soñó.

 

Y tras meses de búsqueda, cuando ya cansada decidió no gastar más en test de embarazos, un retraso. No le prestó atención. Pero una mañana mientras trabajaba en la oficina se dio cuenta de que su retraso ya era de semana y media.
Asustada pero decidida se ausentó para ir a una farmacia y comprar un test.
Nerviosa y sin querer creérselo, se hizo la prueba, no llamo a nadie, ni a sus amigas, ni a su marido. Esperó pacientemente en el baño común de la empresa. Apenas un minuto y ya estaba allí la bendita doble señal. No pegó saltos de alegría, no gritó. Simplemente una sonrisa asomo por su cara y como en una nube volvió a su puesto de trabajo.

 

A la salida por la tarde, en el bus fue acariciándose el vientre, pensando en cómo sería, sus ojos, sus manos, sus pies, tendrían que pensar nombres!
Acondicionar el cuarto con más sol, comprar una cuna… Y entre ensoñaciones olvidó bajar en su parada.
Una mas allá bajó y fue dando un paseo, nunca hasta entonces se había fijado, la cantidad de mujeres embarazadas que había, y niños! Pasó por un par de tiendas de productos de bebé y se deleitó mirando en escaparates hasta hoy invisibles para ella.
Esa noche fue una fiesta, en la intimidad de su salón la pareja comenzó a planificar el futuro, a verse crecidos y felices, a imaginar proyectos e ilusiones.
En los días posteriores hicieron participes a toda la familia de la buena nueva.

 

La primera ecografía esa en la que apenas se vislumbra un pequeño guisante, y un latido. Una ecografía que les acompañaría en forma de fotografía en el móvil, subirían a sus redes sociales, enviarían por mail…
Emocionados y encantados al mes todo el mundo era participe de su felicidad, en el trabajo, los amigos, los vecinos. Los primeros regalos, chupetes, patucos, lágrimas de felicidad con todos.
Llegó la ecografía de las doce semanas, de la mano sonrientes e ilusionados entraron en la consulta.
Salieron dos sombras de si mismos.
No había latido.
No había futuro.
Fue duro. Pero ella fuerte, decidió no hundirse, decidió seguir adelante y tras negociar con el médico cuando le realizarían el legrado que limpiase su vientre, apenas se permitió faltar un día al trabajo.
Aunque por dentro hirviera, doliera, quemase, rompiese… Tragar lágrimas, responder a caras circunspectas, explicar, y explicar, y explicar, lo inexplicable, un adiós, que no lo fue, una tristeza escondida…

 

Apenas seis meses después, no se atrevió a soñarlo de nuevo, pero tenía un retraso de 2 semanas. No se lo contó a el, temerosa de darle falsas esperanzas, se fue sola a su médico, y una ecografía le confirmo el hecho, volvía a tener un habitante dentro de si.
Cuando llegó a casa, le explicó alto y claro que debía agarrarse fuerte, que no debía ni pensar en marcharse, que había llegado al lugar adecuado…
Esa noche también hubo fiesta, pero comedida, con miedo, su suerte debía quedarse. Acordaron no decirlo, esperar.
Y esperaron, con miedo y reparo la eco de la semana 12.
Todo iba bien. Su vientre comenzó a abultarse y se hizo inminente contarlo.
La familia, los amigos, todos se alegraron por ellos. Pintaron la habitación, compraron la cuna.

La eco de a semana 20 les dijo que era una niña.
El mundo se vistió de rosa.

 

Estaba eligiendo sabanas de cuna cuando le vino el dolor.
Un dolor inmenso y una humedad desconocida. Asustada le llamó, se encontrarían en el hospital.
No había nada que hacer.
Su corazón había dejado de latir en la semana 23.
Una inducción, un parto triste, de un pequeño ser sin vida.
Dolor, oscuridad, tristeza.
El se encargó de avisar a la familia, ella no podía. Seguía siendo una mujer fuerte, pero con demasiadas heridas sangrantes. Se permitió llorar, pero poco.

Y hubo un tercero. Y último que enterró en la memoria por temor a que le arrastrase a lugares oscuros.
Su corazón, su alma, no se podían permitir mas cicatrices, de esas que a veces cuando menos lo esperas supuran y llenan de tristeza y soledad.
Pasó el tiempo y aprendió simplemente a vivir con ello, a enmudecerlo.

 

Y sin embargo se siente madre, es madre, medre de tres Ángeles no nacidos, bebes Estrella los llaman, y cuando habla con su hermana, con su vecina, con amigas debe soportar a veces comentarios de tú no sabes que es ser madre, no sabes cómo lo harías, no sabes que se siente…

Si, si sabe que es ser madre, lo será toda su vida. Lo fue desde el mismo momento en que lo soñó, en que lo pensó, el primer instante en el que en sueños le dio la mano…

Eres madre, igual que serás hija durante toda tu vida.

Las no maternidades, las de mujeres que lo sienten, que lo son, y que en silencio tropiezan con la incomprensión del mundo…

Y con una sonrisa se agarran a sus Estrellas y siguen caminando por la vida.
Las no maternidades de aquellas que aman durante toda su vida a los hijos ajenos, y viven por ellos.
Las no maternidades, o las madres de corazones perdidos…
Damien Hirst

Mujer embarazada. Escultura en Ifracombe, Devon, Inglaterra, autor Damien Hirst

Sobre maternidades y sectas…

18 Sep

Esta es solo una historia, inventada, desmedida y redundante, es la suma de muchas historias con el fin de dejar expuesto y de manifiesto el extremismo en el que a veces sin darnos cuenta nos vemos envueltas.

Es una historia de un lado, el que mas conozco, pero también es extrapolable a la versión opuesta. Es solo un grito, un basta!!
Si la maternidad es instinto y respeto, por qué se empeñan en catalogarnos, en hacernos andar por caminos rectos con muros de 4 metros a cada lado? Por qué se insisten en etiquetarnos, en decidir cuáles son las buenas y malas maternidades?
Por qué nos empeñamos en pertenecer a tal o cual corriente, y entregamos ciegamente nuestro pensamiento y nuestra maternidad a la manada, tribu, grupo o secta de turno?
Moda?
Y es que las redes sociales son una herramienta maravillosa, pero también una peligrosa forma de separar y diferenciar.  De crear guetos virtuales donde no hay cabida a otras formas de pensar.

Estamos en una sociedad en la que hemos alejado las relaciones afectivas que antes eran necesarias vecinas, familiares, grupos de mujeres… Porque nuestras ciudades han crecido, nos hemos desvinculado del entorno, trabajamos lejos, muchas horas…
Ahora suplimos estos contactos personales que antes se hacían a diario, porque se vivía en sociedad con redes sociales y q mejor forma de amalgamar las relaciones que con cosas en común. La teta, la crianza, son nexo de unión y se convierten en casi sectarios. No es algo para hacer daño voluntariamente que también lo hay, sino de demostrar que no estamos solas y de sentirnos parte de un algo.

 

 

Se quedó embarazada y el mundo se llenó de fuegos artificiales, pero la mala suerte hizo que se rompiera un tobillo.
Un embarazo convaleciente que dio para muchos meses de aburrimiento.
Con todo el tiempo del mundo y escasa movilidad se embebió de webs y libros que le abrieron un mundo que ni siquiera se había planteado. Comenzó por embarazos y partos respetados, webs que le abrieron los ojos a protocolos que descubrió obsoletos y no admisibles para ella.
Siguió leyendo a todos los autores de crianza respetuosa, teorías del apego y nuevas corrientes educativas.
Descubrió un mundo inmenso que le abrió la mente y los ojos e hicieron cambiar radicalmente su forma de pensar. Ya antes de nacer su pequeña se hizo eco de las asociaciones pro lactancia de su ciudad, antes de verle los ojos ya tenía foular y portabebés, arrinconó la cuna regalada a otra estancia a favor del colecho y decidió cambiar el mundo…

Y nació su ángel, aunque su parto no fue como lo había soñado, aunque el tiempo pondría guindas y belleza a una experiencia que le marcó, precisamente por no aceptar que no fuese como había soñado.

Desde los primeros días  hizo presentación oficial al incipiente grupo pro teta, colecho, porteo, apego…
Conoció los pañales de tela, y nunca más utilizo uno de papel.
Los pañales no vinieron solos, detergentes naturales y ecológicos, piedras de lavado. Ropita de bebe de tejidos bio .
Llegó la hora de incorporarse a trabajar pero lo que son las crisis, sufrió un despido, que lejos de amargarle le alegró al saber que cumpliría con la principal premisa, la de criar a su hijo por si misma, lejos de guarderías y extraños.
Aunque al mes ya no recordaba las causas y proclamó al mundo que había decidido quedarse en casa y criar con apego…
Su niña comenzó la primera infancia entre abrazos, teta y amor, y sin haber pasado medio año desde su nacimiento ya se volvió gurú entre las nuevas adquisiciones del grupo, que fue creciendo…

Y mientras mostraba a otras el sendero de una nueva era maternal y de crianza iba pensando nuevas y revolucionarias formas de vivir su nueva situación y vivir en ese entorno permanente.

Y mientras teteaba seguía aprendiendo y divulgando nuevos matices, baby-led weaning, primeros balbuceos…
Gracias a ello entró en contacto con otras alternativas, veganismo, ecología. Por su puesto su hija jamás aspiró el aroma de una pera que no fuese absolutamente libre de químicos y a las reuniones a las que se adhirió siempre llevaba hummus, pese a que los garbanzos siempre le dieron asco, aunque a escondidas se comiese los bocadillos de chorizo, pero nada era suficiente esfuerzo para formar parte y cabeza visible del engranaje, del que fue consciente del vacío que ella podía llenar, el de amalgamar todo y convertirse en prelado.

Se cansó de teta y tras meses disimulando reconoció al fin, disfrazado de destete natural, que su niña había cambiado la teta por la leche de avena. Y mientras resumía a quien le prestase oídos las obras completas de Carlos González, perdía los nervios a solas y se le escapaban gritos de mujer agotada y en constante reinvención, aunque jamás esas miserias salieron de sus cuatro paredes, incapaz de abrir su mundo y su alma a nadie, temiendo que tanta transparencia pusiese en evidencia lo corriente y ordinario de su persona.
Se inventó un pasado y decidió escribir su futuro con las tintas de su nueva vida. Se descartó a si misma en busca de un nuevo yo, que gustase a todos, aunque para ello tuviese que mentir y sufrir.

Y escondía los chupetes, y cuando venían visitas disimulaba con ropa sin planchar la cama de su hija que había sido estrenada tras descubrir que dos y medio tenían mala cabida en el dormitorio de matrimonio.
No le contó a nadie las noches que pasaron hasta que se acostumbró temiendo ser tachada de mala madre, nadie pudo abrazarla y decirle que no pasaba nada por ser humana.
Su ropa también cambió, y su calzado, todo acorde a su nuevo entorno y a su recién estrenada maternidad.
Vendió su ropa del Zara en beneficio de las ropas naturales, por supuesto con tendencias hindúes y naturales, carísimas, pero indispensables para seguir creando lazos con la tribu. Ya llegarían después según se acabaran las reservas la ropa de segunda mano también muy cool.
Hasta sus ideas políticas cambiaron y si bien siempre había sido una moderada trabajadora, tuvo que transformarse y desviarse a la izquierda porque el centrismo no estaba bien visto. Y su bebe se hizo niña mientras crecía alimentándose de productos de la tierra y mercados ecológicos y en el caso de precisar exportaciones, todo de comercio justo.
Y los días en los que sentía la necesidad de pisar el supermercado de la esquina se cuidaba mucho de ser vista.
Por supuesto nunca su hija probó bebida alguna con gas, ni de cadena de comida rápida.
Llenó su casa de incienso, siguió a rajatabla el calendario lunar, se apunto a yoga, a taichí, hizo constelaciones… Y regó sus tardes de conocimiento interior de te y galletas de quinoa…

Tan solo año y medio después de su parto era otra.
No quedaba atisbo de pasado, ni amistades antiguas.
Formaba parte de algo más grande e importante, un nutrido grupo de madres, todas con las mismas ideas, conceptos y sinergias, dispuestas a cambiar el mundo aunque fuese a costa de catalogar como equívocas y malvadas a todas las maternidades que no se ciñeran al guión exacto dado por válido. Imposible salirse del rebaño, y en caso de descontento mejor silenciarlo.
Dejó de pensar por si misma y de ser natural, porque había que caer bien a todos, y comenzó a pensar no como individuo sino como grupo.

Y pese a que fuese en contra de las directrices se agobió y apuntó a su niña a la guardería, aunque lo disfrazó de búsqueda de empleo, forzada por una pareja que no comprendía sus inquietudes.
Y disfrazó los fines de semana sin niña, en pos de abuelos extra protectores.
Y dado el tiempo libre aprovechó para afianzarse aun más en las nuevas corrientes, sociabilizar a otras en su nueva religión y conocer tendencias aún más alternativas, y se pateó todas las escuelas de educación alternativa y se planteó el homeschooling, y de tanto ver se hizo experta en metodologías Waldorf y Montessori y cambió su guión y decidió seguir por esos lares…
Mientras seguía mejorando el discurso de su forma de crianza (la mejor) y en las tardes de invierno enseñaba a su hija números y letras, porque en Finlandia no se escolariza hasta los seis, pero esto es España y su niña muy lista!!!!

No se dió cuenta de que por el camino perdió los raseros de medir y se convirtió en una extremista que criticaba, juzgaba y condenaba todo aquello que se saliese de los márgenes establecidos por su cabila.
Y como jefa del clan fue vislumbrando formas de ganar provecho a su posición, mientras adoctrinaba a los recién llegados.
Y perdió su individualidad para ser cabeza sobresaliente en foros de internautas y dar MasterClass de la nueva era maternal.

Aunque por las noches usaba pañales de papel y se torturaba porque su hija no superaba la enuresis nocturna, y es que con tres años ya meaba a lo grande y las piedras de lavado no daban abasto para limpiar pañales de tela y sábanas.
Y llegó la edad de escolarizar, aunque no fuese obligatorio y donde dije digo, digo Diego… Y aunque la educación alternativa, tras la Homescholling era una opción, los ahorros hacía tiempo que se habían acabado.
Y aunque la pública era la tercera opción, y había asistido a las manifestaciones multitudinarias por una escuela pública, laica y de calidad, pidió plaza en una bonita escuela concertada, religiosa por demás y uniformada, porque tenía claro que su hija debía codearse con ciertos niños llegados a ciertas edades…
Y es que los amigos de hoy serían los amigos del futuro, y el hipismo no trae trabajo ni posición social, le había enseñado su madre.
Aunque seguía predicando, sin ejemplo propio, todo el abanico de alternancia…

Y el futuro deparará segundas partes y la continuación de una historia, de una mujer, que de reinventarse y mutarse con el entorno, se desdibujó y se dejó el alma por reinventarse y crearse de nuevo con otro yo.

 

 

 

Moraleja:
Si el entorno te borra, te subyuga y critica por tus actos, crianzas o formas de vida y para pertenecer a el te obliga a mutar y a reinventarse aun a riesgo de perder tus principios y desdibujarte…
Si necesitas mentir o seguir a rajatabla requisitos de pensamiento o de acto que te diferencien de otros grupos sociales, si no admite la peculiaridad e individualidad de tu persona…
Huye!!!
Huye mientras puedas y mientras te conozcas a ti mismo.
No permitas que nadie te convierta en una moda o en un clon de un determinado club social.
El respeto comienza por respetarse a uno mismo. La reinvención ha de ser una necesidad individual que te aporte felicidad, si la felicidad solo beneficia al grupo y no a ti, no te conviene.
El conjunto de fieles o seguidores de una doctrina que se diferencia e independiza de otras, y no admite miembros con pensamientos distintos tiene un nombre…

Secta.

El infierno de la maternidad.

14 Sep

Hoy traigo la historia de Laia.

Hace unos meses tuve la suerte de conocerla virtualmente y desde entonces hemos compartido muchas conversaciones vía mail.

Cuando llegó a mi estaba superando una depresión postparto que arrastraba hacía más de dos años

Hoy puede decir orgullosa que la ha superado, aunque también le ha cambiado su sentir y su vida. (Yo digo que a mejor) Porque aunque no conocí a la Laia de antes, conozco a la de ahora y es magnífica. Hace tan solo unas semanas me pidió que pusiese letra a su experiencia, que visibilizara una etapa de algunas maternidades que resulta arrolladoramente cruel.

Leyéndola he llorado y aunque he intentado ser fiel a los hechos ha sido un ejercicio difícil y doloroso que jamás me acercará ni remotamente a su experiencia. Pero aquí os lo dejo.

Y ambas esperamos que sirva para que otras mujeres no se sientan perdidas y solas.

Porque la oscuridad también forma parte de la luz.

Porque ella merece leerlo como historia y pasado, y sonreír al lado de su amado hijo.

 

Fue mi primer embarazo y tras la experiencia considero que el único. Tras una larga relación y el deseo que nunca llegaba de tener descendencia pase por un divorcio doloroso e incómodo. Al poco conocí a Ferrán. Éramos la pareja perfecta, disfrutábamos juntos y me hacía muy feliz. A los pocos meses de conocernos nos fuimos a vivir juntos. No habíamos celebrado nuestro primer aniversario cuando me quedeéembarazada. Desde el primer momento fue un notición. La emoción, la guinda de nuestro pastel, nuestra felicidad absoluta. Nos preparamos a lo grande para su llegada. Un embarazo maravilloso, un buen parto en un hospital donde me apoyaron y me hicieron sentir protagonista.

Me enamore irremisiblemente de Arnau nada más verle. Y desde el primer instante no quise separarme de él.

Salimos del hospital felices y completos. Ferrán pidió vacaciones sumadas a la paternal, teníamos todo planeado, el primer mes de vida de Arnau juntos y apoyándonos.

Cuando llegamos a casa desde el hospital me cayó todo el cansancio del parto de golpe, caí en tres días de sueño abotargado apenas roto para dar de mamar a mi bebe, y para ser alimentada con amor y ternura por mi pareja con sopas calientes y comprensión, aunque preocupado Ferrán insistió en visitar el hospital asustado por la posibilidad de hemorragias internas o infecciones. Ante su insistencia hice el esfuerzo de intentar hacer vida en el hogar.

Esfuerzo. Eso recuerdo. No me apetecía salir de casa, ni visitas. Desconectaba a escondidas el teléfono, y el timbre. El se hizo cargo de todas las necesidades del bebe, yo apenas le sujetaba para darle de mamar. Mamaba rápido y bien, una suerte de lactancia, y volvía a los brazos cálidos de su progenitor. Vivía en un abrazo permanente con él. Aun hoy es así, un vínculo increíble entre padre e hijo.

Empecé a pensar que algo ocurría, no le sentía mío ni propio. Me ponía nerviosa cuando presentía su hambre, me hacia la dormida si le escuchaba llorar. Con diez días de vida Ferrán trajo una matrona de visita y prácticamente me obligo a hablar con ella y dejarme reconocer. Predijo una depresión pos parto. Nos dijo que era mucho más habitual de lo que se piensa, que en unos días me encontraría mejor.

Ferrán le pidió a mi madre que viniese un par de semanas a vivir con nosotros y me llenó de besos y flores.

Todo empeoró. Con su actitud, con la sobreprotección comencé a sentir que nos habíamos equivocado. No era nuestro momento. Arnau sobraba, ese pequeño ser nos robaba espacio. Sentía celos del vínculo que se estaba creando entre ellos, no de mi hijo, de mi carne, sino del tiempo y del espacio que pasaba con su padre, tiempo y espacio que me negaban a mí, como una quinceañera, descubrí los celos teñidos de rencor y desprecio hacia el niño.

Empecé a sentir rechazo cuando le daba de mamar, lo maquillé de dolor y supliqué a mi madre biberones y leche. El mismo día que Ferrán comenzó a trabajar de nuevo terminó mi lactancia.

Ya no me necesitaba ni para alimentarse, así que pasó a ser exclusivo de mi madre, hasta que volvía Ferrán y se hacía parte suya.

Yo pasaba el día en penumbras, durmiendo en mi habitación. Me abandoné y abandoné a todos. Me alejé emborrachada en los momentos lúcidos de culpabilidad y tristeza, y de dolor por la sensación de rechazo hacia ese ser que había coartado mi vida.

Sentía que mi madre y mi pareja llevaban una vida ajena a mí, que hablaban a mis espaldas, experimentaba frustración y desconsuelo.

Seis semanas después de mi parto Ferrán se sentó a mi lado en la cama: – Algo no va bien. Hace días que no tocas a nuestro hijo. Necesitamos ayuda. Tenemos cita en la clínica. Mañana nos atenderán.- Fue dulce, pese a todo, pese a darme cuenta de que su frente estaba marcada por nuevas arrugas desconocidas para mi, por sombras preocupadas y mucho cansancio.

Acudí a la clínica consciente pero resentida. Un equipo formado por mi ginecóloga, una matrona y un psiquiatra me diagnosticaron una depresión severa. Medicación, terapia individual y terapia grupal.

Mi madre siguió a nuestro lado. Y yo termine de hundirme. Dicen que no hay recuperación si no se llega al fondo, y yo llegue. Con las visitas y la terapia de grupo me di cuenta de que las otras mujeres habían llegado a la depresión postparto desde partos duros, pérdidas, familias que no les apoyaban, parejas que minimizaban sus sentimientos. Por qué entonces yo sufría una depresión post parto? Yo no podía quejarme de nada de eso. Todo parecía abocado a mi felicidad, mi pareja, mi familia, mi parto, mi situación, y sin embargo era la mas triste de las almas. Me hice consciente de que yo no era una depresiva, era simplemente una mala madre, que no había aceptado a su hijo. Pero me guarde de exponer lo que sentía, comencé a vivir una agotadora doble vida, la de disimular en casa como me sentía. Hoy hablo de ello con mi pareja y se ríe. Yo lo intentaba, pero solo era eso, intento. El veía como me había cambiado el carácter, me volví taciturna y antisocial, apenas tocaba a mi hijo, me escondía si escuchaba el timbre, no cogía el teléfono…

Escuchar llorar a Arnau suponía una tragedia para mí, no sabía dónde esconderme, donde negar su existencia.

Una tarde mi madre había salido a comprar, estaba sola en casa, con Arnau, había tomado el biberón apenas una hora antes, tenía 4 meses, recuerdo perfectamente su primer gorgojeo, desde otra habitación, me quedé quieta, a la espera de que fuese solo un sueño. Unos ruiditos mas de aviso, estaba despierto. Silencio para coger aire y el comienzo del fin. Un llanto monótono pero chirriante, que se adentraba en mi cerebro. Me acerque casi a hurtadillas a la cuna, me miraba. Intente hablarle. Pero no sabía cómo, nunca le había hablado. Qué tienes? Llanto. Atisbé por encima de la ropa y parecía limpio, encontré en el mueble un biberón de agua y se lo ofrecí, en vano. Seguía llorando. Pensé en cogerlo pero me daba pavor. Siguió llorando durante casi una hora, y yo de pie, delante de la cuna ajena a su dolor, embriagada del mío. Que había hecho yo para merecer a ese pequeño energúmeno gritón. Mi madre entró, le había escuchado llorar desde la escalera, había tirado las bolsas al suelo, me apartó de un empujón y le cogió en brazos mientras gritaba:- Qué le has hecho monstruo???

Me escondí dentro de un armario. Esa noche me tome todo el blíster de ansiolíticos que tenía en casa. En realidad no quería suicidarme, quería huir, huir de las tremendas ganas, de la necesidad de dañar a mi hijo, ese pequeño esperpento, que descubrí también me había robado a mi madre.

Recuerdo los días siguientes ingresada en el hospital, no había sido grave, afortunadamente para mí, no tenía suficientes pastillas, y mi pareja fue rauda en avisar a la ambulancia.

La vuelta a casa, asustada. No había vuelto a ver a mi madre. Al llegar me informaron de las nuevas normas, no podía quedarme a solas, mucho menos con el bebe, Ferrán había solicitado permiso y había dejado de trabajar. Los médicos habían decidido aumentar la medicación y la terapia. Una terapeuta vendría varios días a la semana a casa para tratarme en mi ambiente. Me sentía un monigote, un títere en mi propia vida, sin voz ni voto. Hable con Ferrán de divorcio, de final, y el simplemente me pidió tiempo y paciencia. Yo no me sentía enferma, solo asqueada y cansada.

La terapeuta, impuso sus visitas, charlas, sólo comedia, decía lo que sabían que quería escuchar, aunque era imposible superar el miedo a tocar al niño. Ferrán estaba distante, y yo me hacia películas en la cabeza de vidas nuevas, lejos de todo, en las que nunca había cabida para mi hijo.

Poco a poco, nuestra convivencia se fue normalizando, más por necesidad que por superación. Un par de meses antes de cumplir el año le cambié un pañal, bajo la atenta supervisión de todos. Recuerdo, la sensación de asco. El olor. El bebe ya no lo era tanto, gateaba y buscaba cualquier ser para regalarle una sonrisa, a mi también. Me perseguía y me miraba intensamente, tal vez preguntándose quién era yo. El día que cumplía un año, la casa se vistió de colores, Ferrán decidió y así me lo hizo saber que había terminado el escondernos, que había una vida ahí fuera, y que había llegado el momento de decidir si vivirla o quedarme al margen. Ese ultimátum me rompió por dentro, mis hasta entonces anhelados sueños de libertad de pronto tan cercanos se volvieron aterradores. Organizó una fiesta de cumpleaños, y pasó toda la mañana acompañado de mi madre organizando los preparativos, Arnau, desatendido por ambos, decidió seguirme. Estaba en mi dormitorio, mío porque hacía meses que no compartía con nadie, leyendo. El pequeño aventurero entró gateando, y apoyado en la cama se levantó y ante mi vista dio sus primeros dos pasos hacia mí. Una sonrisa y un: Ma? Jamás antes dicho refiriéndose a mí. No sé que se me paso por la cabeza, no sé que manejaba mi cuerpo, pero le golpeé. Apenas un revés de muñeca, certero contra su rostro, el grito inmediato de sorpresa y dolor de Arnau, la sangre, de su labio partido y de su nariz golpeada…

El mundo enmudeció y a cámara lenta fui consciente de todo un año de dolor, fui consciente de su presencia, de su calor, de mi necesidad. Mientras el mundo se paraba le cogía en brazos y le abrazaba mientras le acompañaba en un llanto por fin liberador. Mientras le juraba que nunca más le haría daño, mientras le amaba todo lo que no había sido capaz de amarle.

Y el mundo quitó el freno y comenzó a girar de nuevo. Apenas recuerdo el resto, Ferrán y mi madre histéricos y llorando también, una ambulancia, un hospital. Había sufrido una crisis de ansiedad. Ese fue el diagnostico, pero yo sé que no, no fue una crisis. Fueron todas las lágrimas, los besos, los abrazos que no le había dado en su primer año de vida, todo el calor y el amor omitidos que reventaron y salieron a raudales en forma de lágrimas. Fue una bombilla encendida en mi cerebro.

No mi historia no termina como en un cuento de hadas tras el beso del príncipe. La vuelta a casa, pese a sentirme receptiva, animada, hablar y explicar, fue dura y dolorosa, no confiaban en mi. Nadie. Arnau sin embargo sí. El aprovechaba cualquier resquicio para correr a mis brazos. Y mientras le abrazaba a veces volvían las dudas y siempre el miedo, el miedo a volver a dañarle. El miedo de rememorar las veces que en silencio en mi mente le había golpeado y dañado. El dolor de saber que durante meses había odiado a ese pequeño ángel que hoy me perdonaba y amaba incondicionalmente.

Un año más de terapia, de ayuda y medicación de besos y juegos trajeron cierta normalidad. Ferrán había vuelto al trabajo y mi madre, el día que celebramos su segundo año se marchó de casa, con el beneplácito de todo el equipo que me trataba para devolvernos el espacio en nuestro hogar. Por fin, era una madre a ojos del mundo. Mi relación con Ferrán aunque hoy es inamovible y férrea, siempre dispondrá de pozos oscuros, aquellos por los que pasamos y llenamos de bilis.

En dos meses celebraremos los tres años de Arnau. Y mi alta total. He superado mi depresión postparto, o eso dicen. Porque durante el resto de mi vida me queda superarme a mí misma. Superar el día de mañana el explicar a mi hijo toda nuestra terrible historia.

Hoy puedo decirlo alto, amo a mi hijo sobre todas las cosas. Creo que nunca dejé de amarle, pero algo superior y maligno se adueño de mi alma y me robó la vida.

Mi historia no es comparable con la de otras, y he conocido unas cuantas, no son cuantificables, ni mejores, ni peores. Sólo oscuras. Películas de terror en un momento que todo el mundo da por rosa y principesco. A la depresión postparto se suma el desprecio del entorno, se suma el desconcierto de quien te quiere, la sinrazón y la incomprensión.

El peor de los actos contra natura, el de la madre desnaturalizada.

Y sin embargo más a menudo de lo que creemos ocurre. La depresión en la maternidad existe.

No estás sola. Y entre luz, a veces se da paso la oscuridad.

Porque la oscuridad también forma parte de la luz.