Babytarta. Un fular princesil

http://www.babytarta.es/blogs?tag=fular%20beb%C3%A9
Una pequeña colaboración en el blog de una buena amiga

No soy asesora de porteo, ni lo pretendo. Sé distinguir entre porteo ergonómico y el que no lo es (a día de hoy) pero podría poneros fotos utilizando un fular de cara al mundo. Con el tiempo he aprendido a distinguir portabebés, y más o menos a utilizarlos correctamente… Más o menos.

Pero hoy no voy a hablaros de las ventajas del porteo, ni os voy a contar que porteando podréis hacer vuestra vida normal y tener movilidad, no os voy a intentar convencer de si es mejor o peor para la formación muscular de un bebé, o de si ya lo hacían nuestras abuelas, porque con mantas y telas asían a sus hijos pequeños y salían al mundo, sólo os voy a contar una historia, mi historia, nuestra historia.

La historia de mi fular, ese trozo de tela cálido y maravilloso que ha abrazado a mis tres cachorros. Os voy a contar la corriente sentimental, la vida que nos ha proporcionado. Y comienza cuando aún no estaba tan de moda el porteo, por supuesto estando embarazada busqué un precioso carricoche, de una buena marca y un dineral en inversión, y es que ya lo decía todo el mundo, necesitarás un carro, para todo! La compra más necesaria de cuántas hagas. El tiempo me enseñó que era errónea esa afirmación, pero ahí estuvimos nosotros eligiendo nuestro precioso carro. Fué al final del embarazo cuando ya teníamos casi todo lo que pudiésemos necesitar cuando por casualidad vi una caja en una tienda mientras buscaba una hamaca, eso que es? Un trozo de tela para llevar a los bebés abrazados, me encantó! La foto ya mostraba a un bebé acurrucado en el pecho de su madre y abrigado por la tela. Me asustó un poco ver que eran más de cuatro metros de tela, pero llevaba instrucciones de uso y era tan barato que no pude resistirme, total tenía tantas cosas que ya intuía innecesarias que una más…

Y así llego a casa, el trozo de tela, que durante años no me he colocado demasiado bien, pero que aún así ha sido sostén, abrigo y cobijo de mis bebés, uno tras otro han pasado por la mejor compra que realicé nunca para ellos. Con paciencia ya antes de que llegase Princeso aprendí el nudo básico, y tras el hospital y el primer ingreso, su primer paseo fué en él. Y fué maravilloso, sobre todo después de haber pasado días interminables en una incubadora observándole desde fuera, vigilando los aparatos, aspirando a sacarle y abrazarle y besarle, llorando sus males y agrandándolos con la distancia de centímetros acristalados que nos impedían estar juntos, piel con piel. Nuestro fular fué nuestro desquite, nuestro regalo del mundo tras tanta tristeza nada más nacer, nos reconcilió con el universo poder durante meses no separarnos ni un centímetro, pasear abrazados y asidos el uno al otro como un solo cuerpo, recuperando un millón de veces el tiempo robado por la enfermedad.

Nuestro fular forma parte de nuestra historia, de nuestros comienzos como pareja, con Princeso primero, con Princesa después con Princesito ahora. Con princesa, y un aún bebé Princeso, que necesitaba atención constante, fué un alivio poder compartir manos y brazos mientras porteaba a Princesa. Conocimos además el porteo doble, poder disfrutar de ambos y dividir espacio para evitar celos. Y ahora con el recién llegado, acoplándolo a nuestra rutina diaria, como si siempre hubiese pertenecido a ella. Dándole naturalidad al hecho de vivir abrazados. Como debieran ser todos los inicios, conocer el mundo desde un abrazo, desde la altura de la confianza y el consuelo de escuchar un corazón, el único sonido tranquilizador y conocido desde el nacimiento. Desde los brazos que acariciaban apenas días antes el vientre y que ahora acarician con la misma libertad su cuerpo diminuto, caliente, frágil…

Nuestro fular manchado, gastado, con la tela ya envejecida, al que hemos teñido para darle un poco más de vida, ya que es el que nos ha acompañado estos años, y con el que nos jubilaremos como porteadores de bebes pequeñitos. Ninguna mochila, ni bandolera, ni mei tai nos han dado tanto. Y es que nunca imaginé que un triste trozo de tela fuese capaz de cambiar mi maternidad, porque nunca imaginé, hasta que mis brazos conocieron a mi primer hijo que el amor también se mide en necesidad de estar pegados, que eso que llaman exogestación es tan real y necesario, porque el porteo, el método canguro del que habla todo el mundo tiene dos frentes, bebés y mamás, y hasta que no tienes a tu pequeño en brazos no sabes lo que es necesitar respirarle, abrazarle, ser uno, porque el nacimiento no es mas que la continuación de nuestra más grande historia de amor. Una historia de amor que durará toda la vida, y de la que recordaremos un comienzo entre dobleces y tela. Porque la necesidad de calor es de ambos, y un nuestro fular colabora facilitando simplemente ser felices. Porqué una mamá reciente no conoce mayor paraíso que el de tener a su bebé en brazos.

Disfrutemos ahora, crecerán y echaremos de menos la calidez, la pasión, el abrigo para el almaque supone transportarlos cerca del corazón.

Noe del Barrio

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